Las 22.55 marcan en mi despertador cuando me acuesto junto a mi angustia, a la que arropo y le canto una nana. Incluso le leo un cuento. Sin sentir el poder que mana de mi le cierro la puerta al mal presagio. No vuelvas más, le digo. No te conozco y no formas parte de mi, del ahora que soy yo.
Mi angustia ruge entre las sábanas y le doy un beso de buenas noches y las almohadas mojadas de recuerdos me empapan la nuca. Recuerdos que jamás han pasado. Camisas de fuerza recorren mi cama y mi cerebro, lleno de duendes y ríos de llanto. No puedo vislumbrar las estrellas que me indican el camino aun siendo más luminosas que un crudo sol de invierno. Quiero soltar lastre. Me pesan demasiado aquellas películas de cometas rojos repletos de sueños incumplidos, futuros.
Me siento preso de mi mente como una marioneta obligada a bailar por sus terrenos angostos. Dolor de huesos y amistad conmigo mismo. Ternura y pena. Pastillas de colores. Sigo atado a mi mundo de sueños profundos para no sentir lo real, el dolor, la basura, lo cierto. Así, cautivo y caliente de química, consigo invadirme a mi propio país de engaños y mentiras.
Quiero decírmelo todo a la cara pero no me atrevo. Cara soñada, falsa e impura, desgastada por los viajes anfetamínicos. Los dientes renquean mientras articulo palabras sin sentido dirigiéndome a la persona que yo mismo he inventado.
Me hago llagas en la lengua, producto carnal de tan sicotrópico destino. Todo a la vez me da vueltas en la noria de mi cuello rebosante de algodón de azúcar. En algún remoto incendio el fuego es mi amigo. Sus lenguas vivas se convierten en mi. Pura pasión. Mi cicatriz, la del pecho, ya está cerrada como una puerta que dejo atrás. Llave tragada por el mar del ayer. La tormenta de sentidos es entonces mi fiel compañera. No puedo quedarme quieto. Soy yo. Yo contra el mundo. No. No contra el mundo. Con el mundo. Yo con el mundo. El mundo a mis pies. Así puedo hacer lo que quiera, en mi cuerpo caliente y desnudo sin caparazón y sin papel que interpretar. Me aventuro al vacío de lo desconocido. No hay vuelta atrás y a la mañana siguiente seré otro. Otro pero el mismo. El otro que ama sus noches sin sueño, que ama su locura y su vaivén, sus camisas de fuerza, su noria y sus dientes prietos, sus drogas y su sepultura. Me levanto y me miro al espejo. Sudo.
El espejo es la verdad, es lo cierto. No se puede mentir delante de un espejo.
Confío en mi mismo y me lo digo todo a la cara.
Entierro mis pupilas dentro de los nudillos y me vuelvo a mirar y no me veo. No veo a aquel muchacho de ayer que como niños muertos me amedrentaban los oidos. Ahora veo cielo y veo sol a la vez y oigo pájaros cantar y vacas, veo muchas vacas, blancas y negras y tigres lisos. Mis dientes fuertes, como nuevos, ya no me duelen.
Me descubro otro y quiero volver a sentirme cerca. A volver a ser uno. A volver, retornar y volver a empezar. No me separo de mi. No me quito mi yo. No me robo el alma ni me quemo el corazón. Adiós me digo, para decirme hola, ¿Cómo estás?
ESTOY.
El ahora soy yo. Mi corazón y mi cerebro se funden en un profundo abrazo.
Me sonrío en el espejo y me quiero de nuevo.
"Frío" - Alarma
"The Passenger" - Iggy Pop
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2 comentarios:
IMPRESIONANTE LA FUERZA QUE TRASMITES.
AHORA SI QUE SOY YO GRACÍAS A TI.
AGUR
Sé tu mismo siempre, si miras atrás
recuerda lo bueno, y mirando la
botella medio llena, no medio vacía,
y siempre con la frente alta y poder
mirar a todo el mundo de frente.
ADEU
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