Es 20 de Octubre y estoy esperando a Luis enfrente de aquella tienda de cucharas y dedales de plata. Y aquí me quedaré, como siempre, plantado como un ciprés. Y es que no se por qué todavía somos amigos. No tenemos nada que ver el uno con el otro. A Luis le gusta el fútbol, yo lo odio. A él le apasionan las pelis de acción, yo prefiero un buen libro. Luis es de cerveza, yo, por supuesto disfruto más con una copa de tinto. También es impuntual, olvidadizo y un poco fantasmón, todo lo contrario que yo. Aparte de que siempre se olvida de que hemos quedado. Siempre le surge algún contratiempo inesperado, alguna cita que le pilla por sorpresa o algo que se invente. Si, siempre me hace igual. Me llama después de dos o tres meses sin saber nada el uno del otro y me dice de quedar y yo acepto, claro, es mi amigo del alma, el de toda la vida, aquel que siempre hay que sacar de algún apuro, aquel que siempre te pide algo sin esperar nada a cambio, aquel que siempre te dice lo que es mejor para ti sin importarle lo mas mínimo lo que te pueda suponer, aquel que siempre antepone sus ínfimos problemas a los tuyos, aquel que siempre se escucha a si mismo antes que a su amigo.
Al día siguiente me llamará y me dirá, lo siento, tío, no me acordaba que era el jueves el día que quedamos y los jueves yo tengo cita con el podólogo. Es que me estoy haciendo la manicura en los pies y de paso me hace un repaso de juanetes, callos y demás costras que parece que sean de 1919. De verdad, tío, que si vieras mi pie fliparías, bueno los dos, porque este podólogo hace uno y luego el otro, que yo no se si todos los podólogos harán igual, pero bueno a lo que iba, que hacen un contraste que no veas, ¿sabes? Un pie parece sacado de una película rollo holocausto caníbal de lo feo que es y el otro parece...bueno pues parece un pie normal y corriente ¿sabes? Y tú te preguntarás, ¿y cómo es un pie normal y corriente? Pues con todos sus dedos, los cinco, uno detrás de otro haciendo un trazo así como oblicuo con el empeine y luego viene el talón haciendo una intersección con el tobillo. Y luego vienen las uñas, que tampoco hay que olvidarse de las uñas, que antes se daban de bruces con los dedos, así en ángulo obtuso y ahora ¡joder si las vieras ahora! Ahora parecen unas coordenadas difíciles de creer si no fuese porque te lo estoy contando yo. Todas ahí bien puestecitas, limadas y limpitas, claro. Si lo pienso bien no se por qué me dio por ir al podólogo, podría haber ido al gimnasio o a algún curso de bricolaje pero ahora lo agradezco tío, te lo recomiendo, de verdad. Mírate los pies porque merece la pena, te quedas como nuevo. Ni tai-chi, ni reki, ni gilipolleces de esas, tío. Hazme caso. Por cierto, el otro día le estuve llorando un poco a Pedro. Le dije que me prestase cincuenta pavos para poder pillarme un buen par de chanclas, de esas de marca, de las buenas, ¿sabes? Pero qué esperaba. Se negó el muy cabrón. Me dio un no rotundo, como si fuese un juez, macho y me quedé flipando. No le voy a dirigir la palabra. Si se lo hizo con mi prima el tío guarro, ¡que menos que prestarme cincuenta euritos para unas buenas chanclas! Que pueda lucir mis recién estrenados pies para cuando los tenga a puntito, que uno no siempre puede tener los pies como yo los voy a tener, que se van a cotizar más que los de Cristiano Ronaldo. Vamos, te lo digo yo.
Entonces se callará, me preguntará que qué tal y yo le responderé con un escueto bien y luego me dirá que me llamará para la próxima y desde luego yo aceptaré porque es mi amigo del alma, el de toda la vida.
"Mis Amigos" - Flying Rebollos
"Amigos para Siempre" - Los Manolos
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1 comentarios:
Hay amistades que matan.. rediós!
Me gusta el texto.
Ya queda menos para vernos, y con nosotros no hay excusas :)
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